Monday, 10 November 2008

Buenos Aires y el Interior

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El nuevo gobierno se vio afectado por dos tipos de presiones inmediatas: las divisiones dentro de las filas revolucionarias y la oposición de las provincias. Dos días después de su instalación, la junta invitó a las provincias del Río de la Plata a que enviaran diputados a la capital.

Esta autoridad no fue libremente aceptada. A los ojos de otras regiones, la Revolución de Mayo era solamente un movimientos regional, no necesariamente favorable a sus intereses económicos y políticos. Las declaraciones de la junta no eran aceptables para la Banda Oriental, para Paraguay o para el Alto Perú, y éstas regiones se le opusieron con fuerza.


En el centro de la zona, las regiones no se separaron del todo. La mayor parte reconocieron la legitimidad de la junta y aceptaron su invitación a enviar diputados. Pero se reservaban su libertad de acción, ya que sospechaban de Buenos aires intentaba monopolizar los frutos de la revolución. Esto reflejaba las profundas divisiones económicas.

La revolución sufría también presiones desde su interior, porque las facciones liberal y conservadora luchaban por controlarla. Saavedra, presidente de la junta, encabezaba a los conservadores, mientras que Moreno dirigía a los que deseaban reformas sociales y querían una Argentina unificada e independiente. Fueron los reformistas los que actuaron antes, con Castelli para el ejercito del norte, y de Belgrano como comandante de expedición al Paraguay, mientras que Moreno dirigía desde buenos Aires la política interior y las relaciones exteriores.




La admisión de diputados provinciales conservadores en la junta represento una seria derrota para Moreno, que dimitió y acepto una misión diplomática en Gran Bretaña; murió durante el viaje en 1811. En ese momento la facción de Saavedra instigó un motín en Buenos Aires que tuvo como consecuencia la exclusión de los partidarios de Moreno.
Pero el golpe conservador fue de corta duración.


La fuerza dirigente que se escondía tras el triunvirato era su joven secretario, Bernardino Rivadavia, abanderado de la doctrina liberal pura. Dio al nuevo gobierno un propósito "ensanchar los límites de la democracia y vencer las resistencias que se oponían a la marcha de la revolución". Creo un nuevo sistema educativo, redactó los derechos civiles e impuso una política contra la trata de esclavos.

El gobierno rehabilitó a las víctimas del régimen de Saavedra y destituyo al propio Saavedra. La resistencia fue barrida.
Existía una rivalidad entre el liderazgo porteño y los provincianos, entre el triunvirato de Rivadavia y la junta de los provincianos. Finalmente en 1812, las juntas provinciales fueron disueltas. Era el reino del centralismo y liberalismo porteños; era la versión americana del despotismo ilustrado. La oligarquía de intelectuales de Rivadavia perdío el apoyo de importantes sectores del pueblo. Nuevos nombres llegaron a la revolución.
En 1812 llegan José de San martín y Carlos de Alvear.




José de San Martín, inmediatamente se puso a trabajar para dar a la revolución un nuevo cuerpo militar, los granaderos a caballo. Alvear fortaleció aún más el sector militar.
En ese momento los enemigos del triunvirato, los nuevos revolucionarios, la asamblea y los provincianos, empezaron a combatir, y el 8 de octubre de 1812, con las consignas de independencia, constitución y democracia, una poderosa facción del ejercito dirigido por Alvear y San Martín derribó al gobierno de Rivadavia e instaló un segundo triunvirato.

El segundo triunvirato colocó al pueblo para que eligiera delegados para una asamblea general constituyente. Pero esto solamente consiguió agudizar aún más el conflicto entre centralistas y provincianos.
Desde la banda oriental, el caudillo José de Artigas, influenciado por el pensamiento y la práctica constitucional de los Estados unidos, instruyó a sus diputados para que pidieran una inmediata declaración de la independencia y el sistema federal de gobierno en el cual cada provincia conservara su soberanía.


José de Artigas


El resultado fue que la Asamblea Constituyente de las Provincias unidas del Río de la Plata no produjo ni unidad ni una constitución. El poco manejable triunvirato fue abolido, y el gobierno central paso en las manos de un solo ejecutivo, Gervasio Antonio de Posadas, que tomo su cargo en 1814.

El poder efectivo estaba en manos de Alvear, comandante en jefe de las fuerzas militares.
San Martín fue nombrado para el ejército del norte.
Los caudillos locales y la oligarquías municipales desafiaban a Buenos Aires y exigían un estatuto autónomo o federativo para sus provincias. Esto significaba la lucha cruda por el poder político.

Ello era provocado en parte por la intransigencia de Buenos Aires, cuya única respuesta a la resistencia era enviar ejércitos de castigo y ocupación.
Cada provincia aspiraba a la independencia y al poder soberano, y en lugar de tomar medidas de negociación y conciliación, Buenos Aires siempre rechazaba estas pretensiones mediante la fuerza y amenazaba a los que hablaban de ello llamándoles rebeldes y traidores, fue considerada por los habitante del interior como una injusta usurpadora.

Una política de autoridad, aplicada al conjunto de esta gigantesca región, necesitaba de una gran fuerza militar, mucho mayor que la de Buenos Aires poseía. Éste era el principal defecto en su política, y un obstáculo más para la unidad.

Los ejércitos porteños ya habían sufrido varias derrotas graves. Buenos aires no sólo perdió estatura a los ojos de la provincias, sino que también perdió los medios de imponer su voluntad en ellas.
En realidad, Buenos Aires era objeto de rechazo, no de atracción.

Con sólo un año al mando, en 1815 Posadas dimitió, vencido por las estériles disputas con los caudillos del interior. Su cargo lo ocupó el ambicioso Alvear y durante cuatro meses mantuvo su precario dominio sobre Buenos Aires. Pero en el curso de 1815 Santa Fé y Córdoba anunciaron su independencia, abrieron aduanas propias y comenzaron a administrar sus negocios. En la Banda Oriental, Artigas gobernaba sin preocuparse por Alvear. En la región andina San Martín agrupaba sus tropas para la liberación de Chile y Perú.

La duración en el cargo fué corta. Las tropas que habían sido enviadas contra Artigas se amotinaron y confraternizaron con el enemigo, mientras que en la capital el cabildo formó un gobierno provisional.


El desafío provinciano a Buenos Aires tenía una base económica. Estaba totalmente claro que los intereses del puerto y los de las provincias eran inconciliables. Los caudillos representaban intereses provinciales esenciales.

La revolución de 1810 significó para Buenos Aires y las provincias del litoral un beneficio económico. Mejoró el comercio, la actividad ganadera, los precios para las exportaciones y el acceso a un mercado más barato para las importaciones.

Las provincias del interior, en cambio, sufrieron una grave recesión las primitivas industrias habían sido protegidas por el monopolio español, ahora quedaban expuestas a la competencia de mercancías más baratas y mejores que venían de Europa y Brasil, gracias a la política de libre comercio de Buenos Aires, al mismo tiempo los mercados de Chile y Perú se cerraron por las guerras de independencia. La revolución de 1810 represento para el interior el estancamiento y declive.

Su única defensa eran los costos y la dificultad de transporte. Este aislamiento ayudó a conservar la vieja estructura social e impidió su integración en una economía nacional.


Domingo Faustino Sarmiento, el intelectual liberal, identificaba a la urbana Buenos Aires con la civilización y el interior con la barbarie.


Éste era el conflicto básico: Buenos Aires contra el interior, centralización contra los derechos de los estados, unitarios contra federales.

Buenos Aires se encontraba con la oposición no solo del interior sino también del litoral, que querían libertad de comercio y acceso al mar por los ríos Uruguay y Paraná. Buenos aires intentaba mantener los ríos cerrados al comercio exterior. Buenos aires se comportaba como un nuevo poder colonial: quería tener un solo puerto de entrada y de salida para el conjunto del país.


Las provincias defendían sus niveles de vida.
Buenos Aires estaba dividida entre unitarios y federales. Aquí los federales eran los que querían preservar los ingresos precedentes del comercio exterior para la provincia de Buenos Aires en lugar de compartirlos con un estado más amplio. La política unitaria, le gustaba a un grupo de intelectuales que tenía un plan de desarrollo para el conjunto del país y a los comerciantes, que querían un mayor mercado común, sin las trabas de las tarifas provinciales.



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