Monday, 24 November 2008

EL NUEVO HOMBRE AMERICANO

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JUAN MANUEL DE ROSAS Y SU RÉGIMEN

Juan Manuel de Rosas
Ostenta en su pecho la banda punzó de la federación y la medalla de oro y brillantes
que le otorgó la Legislatura por la expedición al desierto.




En una región convulsionada por luchas internas desde el propio inicio del proceso emancipador, el sistema político de Rosas fue un hecho inédito, inesperado.


En el Facundo, Sarmiento llegaría a retratarlo -irónicamente- como un nuevo Platón escribiendo su República.


Habiendo asumido el poder de la provincia de Buenos Aires en medio de una crisis institucional y política extrema gravedad, Rosas no sólo lograría completar su primer mandato, realizaría la hazaña de volver dos años mas tarde al poder con la suma del Poder Público, y mantenerse en él durante dieciocho años.

Si su perduración en el mando lo destacaba por encima de gran parte de los líderes políticos surgidos desde la revolución, las condiciones de su poder y el estilo con que lo practicó lo diferenciaban de todos los líderes de la región rioplatense.

El hecho de que su provincia fuera Buenos Aires otorgaba a su poder un mayor impacto regional. Además de la mayor complejidad económica, social e institucional de la sociedad porteña, Buenos Aires constituía el Estado-fragmento con responsabilidades diplomáticas respecto de las naciones extranjeras y con los recursos de la aduana.

La sistematización de su práctica de gobierno, mucho más rigurosa que en el caso de la mayoría de los caudillos provinciales, intensificaría el carácter autoritario de su gestión a la vez que sometería a la sociedad bajo su mando a un control estatal más amplio que cualquiera conocido.

Su predilección por el color rojo, su afición a las puestas en escena de su poder, la conducción de su carro triunfal o la colocación de su retrato en el altar de las iglesias. Todos estos elementos sirvieron para identificar en Rosas y en su régimen algo fuera de lo común, que Sarmiento llamará la "barbarie civilizada".

El régimen rosista constituía un hiato en la marcha normal del desarrollo histórico argentino.

El énfasis puesto en los elementos de ruptura que separan al régimen presidido por el Restaurador de las Leyes de aquellos animados tanto por sus antecesores rivadavianos como por sus sucesores urquicistas, alsinistas, mitristas o románticos.

Son tres las características decisivas para cualquier interpretación de ese régimen:
la violencia empleada por el rosismo, su práctica autoritaria de gobierno, y su invocación de cierto patriotismo americanista.
El extraordinario grado de violencia desplegado por Rosas y su facción contra los opositores al régimen, y aun contra cualquier persona calificada como poca fervorosa en su apoyo.

El autoritarismo del gobierno rosista, resumido en la fórmula jurídica de la "Suma del Poder Público", ha parecido constituir una execpción en comporación con las modalidades políticas empleadas por otros gobeirnos de la región o de países vecinos.

EL CAUDILLISMO

El régimen rosista se convertiría así en objeto de una serie de interpretaciones históricas que utilizarán la categoría del "caudillismo" para especificar ese momento político y su relación con la sociedad y la cultura rioplatense.

En la escritura de Sarmiento, la cascada de metáforas representaban al caudillo como espacio opuesto al universo de lo humano, la proximidad del caudillo al mundo de la naturaleza.
Los caudillos rústicos expresaban la naturaleza americana, indómita y aún salvaje.
Esta proximidad a la naturaleza se traducía en atributos físicos: el caudillo era un hombre de poderosa musculatura, vigoroso, diestro en deportes, era igualmente viril, capaz de engendrar legiones de hijos bastardos; era cruel con una crueldad natural; era rústico, brusco, carente de modales refinados, desprovisto de sofisticación en el vestir y en el habla.


En la guerra social "hacer la guerra contra las ciudades", el caudillo era el líder natural y su persona una condensación de los anhelos, creencias y de la voluntad colectiva del campo.

El caudillo encarna, en su personalidad y en su manera de ejercer el gobierno, en el desorden, o la ausencia de patrones fijos de comportamiento social; era la antítesis no sólo de un Estado republicano sino también del orden estatal.

Si éstos eran los atributos que definían al caudillo; el gobierno de Juan Manuel de Rosas no podía sino ser una excepción, una anomalía.
Para Sarmiento, el gobierno de Rosas era un híbrido, una fusión del campo y de la ciudad, de la barbarie y la civilización.
La categoría de "caudillo" nunca ha calzado del todo bien la figura de Rosas.


La figura política de Rosas antes de ser gobernador

Desde una juventud temprana sería destinado a la administración de las propiedades rurales de su madre. Sus primeros años estuvieron dominados por el afán de acrecentar su patrimonio. Es en este momento que se armaría de una red de vínculos sociales extensa como parte de su actividad empresarial. Rosas se convertiría en un hombre culturalmente anfibio, con capacidad de moverse entre mundos disímiles como lo eran la ciudad y el campo. sin embargo, conviene no exagerar el aspecto "rural" de la personalidad de Rosas.

Antes de la crisis de 1826-1827 la ctuación política de Juan Manuel de Rosas había sido esporádica. En 1824 con Rivadavia y el objetivo de regenrar el campo, luego con Las Heras para la "pacificación de la frontera indígena". Rosas aceptaría relacionarse con las autoridades y participar en debates como "hacendade experto" o de "hombre de trabajo". Rosas rechaza todo nombramiento y toda aprticipación pública de naturaleza política.

su actuación lo coloca en el mapa de Buenos Aires como un individuo que por sus extensas relaciones sociales, por su poder económico y su capacidad de movilización de las fuerzas militares, podía ser importante para el éxito del proyecto de Rivadavia. rosas insistía en reforzar su imagen públlica de hacendado y de comandante de milicias.

Rosas era una figura marginal dentro de la constelación política rivadaviana, poseía más prestigio que poder real. rosas era un político tan hábil que ya estaba madurando su futura toma del poder.

La ruptura facciosa y el ascenso de Rosas al poder

El ascenso al poder de Rosas fue una consecuencia derivada de la desestabilización institucional. Luego del intento del presidente Bernardino Rivadavia de disolver la provincia y de la creciente lucha entre las nuevas coaliciones unitaria y federal.
En un contexto nacional marcado por el conflicto del congreso con la provincia de Córdoba y por un recrudecimiento de la guerra civil en el Interior. estas presiones reducía cada vez más el radio de acción al grupo rivadaviano y magnificaba todos los errores cometidos. El estilo presidencial de Rivadavia no contribuyó a calmar los ánimos. Se sucedían decretos en una carrera reformista. Tres de ellos son los más significativos: la creación de la Presidencia, la creación del Banco Nacional y la división de la provincia de Buenos Aires. Desde el punto de vista opositor la cuestión de la Presidencia violaba el pacto legal, mientras se creaba un ejecutivo.

El hecho decisivo en labrar la caída de Rivadavia fue la pérdida de la base política porteña, en momento en que las tensiones interprovinciales jaqueaban la aprobación de la Constitución unitaria.

El partido federal, entonces liderado por el coronel Manuel Dorrego, recibiría la oportunidad de expandir su radio de predicación entre la población local.

Ése daría el contexto en el que Rosas emergía como una figura política significativa y muy pronto central. Rosas entraría como comandante de milicias de la campaña y puntal del nuevo gobierno federal de la provincia restaurada.

Entre 1828 y 1829 la crisis de autoridad en la provincia se volvería cada vez más profunda. Dorrego y su partido impulsarían una persistente campaña contra los unitarios.


Manuel Dorrego


El resultado final de esa actitud no se hizo esperar: el 1º de diciembre de 1828 se producía la revuelta unitaria liderada por el general Juan Lavalle contra el gobierno electo de la provincia. El golpe de Estado y el posterior fusilamiento de Dorrego en Navarro constituyeron, a ojos de muchos, una ruptura de la legalidad establecida que permitía avizorar terribles consecuencias futuras.





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