Monday, 3 November 2008

La respuesta americana II - John Lynch

A principios del siglo XIX, de una población total de 16.9 millones había 3.2 millones de blancos y de éstos, sólo 30.000 eran peninsulares. Esta minoría no podía esperar mantener indefinidamente el poder político.

Los criollos dominaban ahora a los peninsulares en alrededor del 99 por ciento.
Los peninsulares eran blancos puros, con un sentido de la superioridad nacido de su color.
Los americanos eran más o menos blancos; de hecho muchos de ellos eran morenos, de labios gruesos y piel áspera.

El pardo era despreciado por su origen esclavo y por su color; una legislación le prohibía acceder a la educación; estaba confinado a los oficios bajos y serviles o trabajos de peonaje en los campos. Su origen en la unión de blanco y negro era considerado monstruoso, se le comparaba con el mulo, de donde viene el nombre mulato. Los mulatos y los indios eran considerados seres inferiores con los que no siquiera los blancos pobres y los mestizos querían matrimonio.

Castas


Las estratificaciones sociales coloniales estaban basadas en una graduada serie de posiciones abiertamente llamadas castas por los funcionarios coloniales, que estaban determinadas por diferencias raciales, económicas y sociales. La política borbónica introdujo un elemento de movilidad social. Se permitió a los pardos ingresar en la milicia, lo que les dio acceso a fueros, prestigio y riqueza en una medida de la muchos blancos gozaban. La nueva política constituía básicamente el reconocimiento de cambios habidos en la sociedad.

Los pardos crecían en número, pero sufrían enormes injusticias; era necesario ofrecerles espacio y aliviar las tensiones. El resultado fue difuminar las líneas que separaban a los blancos de las castas y permitir que muchas personas que no eran claramente indias o negras fuesen consideradas como españolas desde los puntos de vista social y cultural. También se podía comprar la blancura legal mediante la adquisición de cédulas.

En las iglesias parroquiales, blancos y castas figuraban en registros separados de nacimientos, matrimonios y muertes, lo que hizo de las Iglesia una de las guardianas de la pureza racial.


Hasta donde había una nación era una nación criolla


Las condiciones en el periodo colonial favorecían la formación de unidades regionales distintas unas de otras.


La naturaleza reforzó las divisiones impuestas por el hombre. La dificultad de las comunicaciones separaba más a cada colonia de la otra. Los viajes eran largos y lentos.
El regionalismo se reforzó debido a las divisiones económicas. Algunas colonias disponían de excedentes agrícolas y mineros para exportar a otras y quebrantaron las barreras legales puestas al comercio intercolonial.


Cuando esas barreras fueron oficialmente levantadas, a partir de 1765, el gobierno imperial estimuló el comercio interamericano, pero no pudo realizar la integración económica.

Buenos Aires a su vez se convirtió en una especie de metrópoli, que controlaba las comunicaciones fluviales, canalizando todo el comercio hacia sí misma y despertando la hostilidad de sus satélites, la Banda Oriental y el Paraguay. Estas rivalidades económicas tenían un doble significado. En primer lugar, los virreyes y otros funcionarios, españoles o criollos, asumieron la posición regionalista de su colonia y la apoyaron contra sus rivales.
Los americanos habían aprendido la lección de que sus intereses económicos tenían pocas posibilidades junto al gobierno imperial, que las rivalidades interregionales eran consecuencia del dominio colonial, y que necesitaban un control independiente sobre su propio destino.


Después de 1810 cada país buscaría su solución individual e intentaría resolver sus problemas económicos estableciendo relaciones con Europa o los Estados Unidos sin preocuparse de sus vecinos. El nacionalismo incipiente también alcanzó cierto grado de expresión política.
Éste era el significado de la irreprimible exigencia americana de cargos públicos.


Los americanos eran diferentes de los españoles

Por esta razón , los criollos perdieron confianza en el gobierno borbónico y empezaron a dudar de que España quisiera defenderlos. Su dilema era real. Estaban atrapados entre el gobierno imperial y las masas populares. El gobierno le consentía privilegios pero no el poder de defenderse; las masas que se resentían ante los privilegios podían intentar destruirlos.

En esas circunstancias, cuando la monarquía cayó en 1808, los criollos no podían permitir que se prolongara el vacío político; actuaron rápidamente para anticiparse a la rebelión popular. Entonces tuvieron que aprovechar la oportunidad de obtener la independencia, no sólo para arrebatarle el poder a España, sino para impedir que los pardos se hicieran con él.

Bolívar estaba aterrado por el dilema consciente de que sobreviviría a la independencia:
"Un inmenso volcán está a nuestros pies. ¿Quién contendrá las clases oprimidas? La esclavitud romperá el fuego: cada color querrá el dominio."


Simón Bolivar


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